martes, 20 de octubre de 2015

Mundo de locos.

Era dura, dura de roer. Bailaba frente al espejo. Se emborrachaba cada noche, y se levantaba cada mañana con una resaca que no la quitaba la sonrisa. Era capaz de amar, a pesar de tener yagas, que algún gilipollas dejó sin cerrar. A pesar de aguantar poesía barata de aquel trovador que intentaba robar corazones para usarlos. Aprendió a vivir con su olvido, con el único que le daba la esperanza de un presente, en el cual decidió que la única protagonista iba a ser ella misma. Que ninguna estrella iba a brillar más que su sonrisa. Pero estaba rota, tan rota, que se rajaba con los mismos cristales que acabaron descabrajándose de su corazón, cada vez que volvía a confiar. Aun así, ella seguía, seguía confiando, porque sabia que en algún momento, iba a ser suyo, algo o alguien seria el culpable de proteger aquello que de tanto romperse, ya ni siquiera se podía volver a montar. Mientras tanto, seguiría bebiendo, y poniéndose hasta el culo en cada fiesta, tirándose a cualquier cabrón. Ella seria la princesa de su propio castillo, donde nada ni nadie se interpusiese, donde nadie la dijera que hacer, ni a quien follarse. Que seguiría bailando rock and roll noche tras noche. Dormía poco. Y tenia las ojeras mas bellas que ningún poema pudiese describir. Era la que más gritaba, gritaba que estaba loca y no la importaba. Vivía bajo los cánones que ella misma se imponía. Sospecho que venia de otro mundo, por eso de que nadie había logrado entenderla nunca. Ella solo sabia amar, queriendo vivir en el olvido una y otra vez mas. Siendo el dolor el único que nos hace sentirnos vivos.

domingo, 18 de octubre de 2015

Espejismos.


Me desperté con el resplandor que cubría toda la sala. Supe que algo había cambiado. Y no precisamente era el tiempo el que me había robado las ideas. Supe también que aquello de lo que tal espejismo me hizo ser testigo, fue lo más bonito y a la vez frío. Fui testigo del temblar de la nieve que resbala por mi frente, al ver el peligro y no saberlo manejar. Tuve en mis manos la más bonita casualidad guardada atrás, en el subconsciente, haciendo realmente, mi sueño una utopía. Pero fue realmente aquel espejismo visible de colores que adornaba las tinieblas del cielo lo que me hizo reaccionar y dar me cuenta que eres dueño de tu destino, tu espejismo, en el que estando en tinieblas puedes ponerle un abanico de colores que mezclado con tu sonrisa será el resplandor que definitivamente haría competencia al brillo del sol.